viernes, septiembre 17, 2004

APRENDER A SER, HACER Y TENER

Capítulo 3-1 Enseñarles a hablar



Hola amigas y amigos: Este tercer capítulo va a tratar de desarrollar aquellas habilidades que los padres o abuelos somos capaces de enseñar a los niños y niñas y que les resultará de gran utilidad cuando sean mayores.

Lo primero que tratamos de enseñar a los niños cuando son pequeñitos son palabras para que vayan aprendiendo a decir cositas. A todos se nos ha caído la baba cuando oímos por primera vez decir a nuestros bebés; papa, mama, tato o tata.

A partir de ahí ya se puede ir iniciando el lenguaje oral, tan importante para las relaciones adultas.

Hay muchas formas de enseñar a los niños a hablar, pero lo mejor es enseñarles las palabras mediante el reconocimiento de objetos y que los sepan nombrar por su nombre, luego que vayan aprendiendo a decir sus necesidades, por ejemplo: Quiero hacer pis, tengo sed, tengo sueño, me duele la barriguita.

Hay que empeñarse en que la vocalización de las palabras vaya siendo correcta, y para eso se puede jugar a pronunciar palabras especialmente dificultosas, y luego más adelante jugar con trabalenguas, los hay muy simpáticos y verdaderamente liosos.

Cuando ya sepan leer los niños, hacerles leer en voz alta, y escuchar nosotros las pautas de lectura que tienen si pronuncian bien, si saben cerrar las frases, etc.

En los colegios suelen hacer los niños pequeñas representaciones teatrales, hay que incentivar la participación de los niños y niñas en estas actividades de forma deshinbida.

Otro punto importante para el desarrollo oral es contestar a los niños a todas las preguntas que nos hacen a los adultos, aunque algunas de ellas nos parezcan impertinentes. Toda pregunta tiene una respuesta oportuna.

Otra forma de cuidar el lenguaje oral, es eliminar del mismo las palabras soeces, insultantes o malsonantes. Cuando decimos una palabra soez, insultante o malsonante a otra persona, puede reaccionar mal y causarle un sufrimiento moral.

También se debe cuidar el lenguaje oral, dar gritos, discutir en voz alta, a veces no por mucho levantar la voz se tiene más razón. A mí me dan pena esa tertulias de la televisión basura a base de gritos de unos contra otros. Demuestra muy poca base cultural o argumental defender puntos de vista a gritos.

Recitar poesías en voz alta va muy bien para modular los tonos de voz

Con el lenguaje oral demostramos muchas veces que tipo de personalidad tenemos, y es muy agradable pasar el rato con una persona que tenga buena oratoria y sepa contar historia divertidas.

El colmo de la bondad del lenguaje oral lo tienen aquellas personas que saben cantar melodías a sus seres queridos.

Un cordial saludo

Feliciano

Os adjunto: Artículo que publiqué en Aprendiendo hace ahora tres años

Estrategias de aprendizaje: Cómo hablar bien

Hola
amig@s: Vamos a empezar a caminar sobre este mundo apasionante que nos lleve a establecer una estrategia adecuada, para enseñar bien a nuestros alumnos el arte de la expresión oral.
Y digo arte, porque yo creo que las personas que más éxito social tienen son aquellas que son capaces de relacionarse bien con las personas que les rodean, familiares, amigos, jefes o subordinados, y que este éxito se consigue, a través de nuestra forma y calidad que tengamos en la expresión oral.
¡QUE POCO ENSEÑAMOS LOS DOCENTES Y LOS PADRES A NUESTROS HIJOS Y ALUMNOS A EXPRESARSE!
Yo recuerdo y observo algunas cosas.
La obsesión mayoritaria de los docentes es que los alumnos permanezcan callados, prácticamente mudos, y que solamente sean ellos, los que hablan y hablan sin parar.
Yo sugeriria a muchos de estos docentes, que de reojo mirasen la cara a sus alumnos, y observasen sus gestos, porque lo peor de todo es que muchos docentes a quienes hablan es al techo y a los fluorescentes que hay en el mismo.
Y no lo digo por los demás, lo digo porque eso muchas veces me pasa a mi, y me da mucho coraje, y cuando me doy cuenta que solamente estoy hablando para el fluorescente, corto en seco y cambio de actividad.
También recuerdo cuando era niño y estaba en casa de mi abuelo, que cada vez que yo quería hablar, mi abuelo me recriminaba y me decía solemnemente,
¡Niño cállate, cuando hablan los mayores, los niños se están callados!
Y a cuanta y cuanta gente se le dice muchas veces, Tu cállate que de esto no tienes ni puta idea!” y aquí se hace lo que diga yo.
Y a cuanta y cuanta gente jamás se le ha pedido su opinión para nada ni se le ha tenido en cuenta para nada.
Y cuanta y cuanta gente, nunca ha podido expresar su opinión en ningún foro porque se ve cortado y lleno de vergüenza y cuanta y cuanta gente cuando intenta hablar observa que los que le rodean en vez de escucharle se rien y se mofan de él.
Todas estas cosas ocurren, porque a los niños no se les estimula ni se les enseña ni practican el desarrollo de una expresión oral, que les permita defenderse en el futuro de todos los atropellos y menosprecio que quieran hacer con ellos.
Creo pues que es algo importantísimo que debemos desarrollar, lo dejo aquí y os invito a aportar las iniciativas y experiencias y vivencias que tengáis al respecto.
Mañana seguiremos con el asunto, que promete platos fuertes...
Un saludo. Feliciano

jueves, septiembre 16, 2004

APRENDER A SER, HACER Y TENER

Capítulo 2-14: Aprender a premiar y castigar (II)

Hola amigas y amigos: Voy a tratar de explicar la percepción que tengo yo de los castigos que se imponen a los niños y adolescentes por parte de sus superiores, familiares o docentes.

Yo soy una persona que no me gusta castigar a no ser que el castigo, sobrevenga después de que el niño reconozca que ha hecho algo mal y el mismo considere que merece un castigo por lo que ha hecho. No obstante eso casi nunca he castigado a mis hijos ni a los alumnos, si bien reconozco que con el alumnado debería haber sido más sancionador en algunos casos.

Yo he observado que hay diferentes tipos de personas: Una de ellas es la que tiene un tic autoritario, y le gusta ordenar y mandar que se haga todo según a él o a ella le parece que se debe hacer aunque otras personas incluido los niños no estén de acuerdo con ello.

Otras personas son las que creen que con los débiles sean niños, mujeres o subordinados hay que tener mano dura y no ser un blandengue porque todo el que puede te la juega y que la letra con sangre entra. Por estas causas es por las que más se castiga a los niños al menos los que han sido mis alumnos y alumnas. Muchos de ellos sienten pánico al recibir el boletín de notas trimestral porque ya saben la bronca y el castigo ejemplificante que les espera. A veces esos castigos son desproporcionados y abusivos y producen un efecto contrario al buscado.

De la conducta de estas personas yo discrepo totalmente, yo creo que el aprendizaje significativo surge con el trato agradable, el cariño, las buenas enseñanzas, las demostraciones útiles, y sobre todo si a las personas se les inculca el interés por aprender y conseguir la satisfacción que produce cuando cada día uno sabe percibir que ha aprendido algo bueno

Hay otras personas que amenazan permanentemente con castigar pero no lo hacen, y enseguida les empiezan a tomar el pelo porque saben que amenaza pero no actúa. A veces estas personas deciden castigar pero luego sienten remordimiento y enseguida levantan el castigo.

Yo he estado varios años en la Comisión de Convivencia de mi Instituto y hemos tenido que juzgar y sancionar las faltas cometidas por alumnos, y la verdad es que pocas veces hemos conseguido que el castigo fuese ejemplificante y el sancionado cambiase de conducta.

En el clima ambiental de los colegios e Institutos, hay muchas conductas que deberían sancionarse y no se sancionan, porque a veces habría que entrar en sancionar también a los docentes o al menos llamarles la atención y eso casi nunca se hace.

A mi me parece que el mejor antídoto para los castigos es que se enseñe a los niños desde pequeñitos a ser responsables y a enseñarles las cosas que están bien y las que están mal. Y que hay cosas que salen mal no es por hacerlo expresamente sino por fallo natural. En ese sentido los adultos tenemos que tener una buena percepción y no sancionar o castigar cosa que ocurren sin querer.

Me estoy refiriendo por ejemplo a que si un niño rompe algo o lo deteriora o lo pierde, si no lo ha querido hacer expresamente pues no tiene que ser sancionable. Y en el tema del rendimiento escolar, los padres tenemos que ser conscientes de cuales son las posibilidades de cada uno de nuestros hijos, y no montar un cirio cada vez que vemos un suspenso en su boletín de notas.

Un cordial saludo
Feliciano

martes, septiembre 14, 2004

APRENDER A SER, HACER Y TENER

Capítulo 2- 13. Enseñar a premiar y castigar

Hola amigas y amigos: Este capítulo de premios y castigos, quizás necesite dos o tres aportes complementarios, porque es uno de los temas que más preocupa a los padres y docentes y creo que es el asunto que peor se soluciona.
Durante mis años de docencia he visto arduos debates sobre el tema de la disciplina escolar, y nunca he visto tomar un acuerdo consensuado por todo el Claustro ni siquiera por el Equipo Educativo que intente paliar el asunto de la indisciplina escolar, y al final queda más o menos una sensación de fracaso y que cada uno intente arreglárselas como pueda.

A nivel de padres ocurre lo mismo, es muy difícil ponerse de acuerdo la pareja respecto las normas disciplinarias con sus hijos, y a veces he visto soluciones aberrantes por las cuales un miembro de la pareja hace el papel de bueno y transigente y el otro miembro hace el papel de malo e intransigente como el caso del policía bueno y el policía malo, en los interrogatorios a delincuentes.

Yo particularmente he tenido mucha suerte, porque apenas recuerdo que me hayan castigado alguna vez, ni mis padres, ni mis tíos ni mis maestros, una vez me castigaron en la empresa donde trabajaba cuando era dirigente sindical a una semana de suspensión de empleo y sueldo, pero en una negociación posterior me levantaron la sanción.En el ejército también me sancionaron alguna vez pero fue por cosas insignificantes.

Tampoco recuerdo que alguien superior a mí me haya pegado alguna vez, y eso que en mi época los padres y los maestros tenían la mano muy ligera y zurraban de lo lindo.

Yo creo que la razón de todo esto radica en que soy una persona muy respetuosa, que no quiere decir dócil y obediente, sino que siempre me ha gustado exponer las cosas con respeto y educación. Siempre he huido de la bronca, los gritos o el portazo que tanto enerva los nervios.

Ahí creo yo que radica uno de los principales problemas de la disciplina, la falta de respeto que muestran muchos niños hacia sus superiores, ya sean padres, abuelos, docentes, etc.A muchos niños se les maleduca, haciéndoles enormemente caprichosos, y se les compra todo lo que se les antoja y tratan a sus superiores con mucho desprecio.

Estos niñatos se consideran con derecho a tenerlo todo a cambio de nada. No encuentran ningún estímulo en el esfuerzo. No saben retrasar su recompensa, lo quieren todo y al momento. Y cuando se les niega, chantajean a los adultos con falsas promesas.

Los padres y los docentes tenemos mucha culpa de estas conductas. He visto a padres hacer promesas de regalos a sus hijos totalmente desmesuradas e irracionales por ejemplo les dicen “ Si me apruebas el curso te compro una moto”

Muchos padres que dicen esto saben de sobras que sus hijos no aprobarán el curso, porque ya saben que su hijo va mal en los estudios, entonces estos chicos se tornan agresivos contra sus maestros porque les culpan de que no tienen moto u otro regalo cualquiera por culpa de los maestros que no les aprueban.
En fin mañana seguiré más con el tema de los premios y castigos. Os invito a que hagáis las aportaciones y puntos de vista que tengáis sobre este asunto.

Un cordial saludoFeliciano

domingo, septiembre 12, 2004

APRENDER A SER, HACER Y TENER

Capítulo 2-12 Aprender a observar

Aportación del profesor WILBET TAPIA

club@efectividad.net - http://www.efectividad.net
10/09/04 - Publicación Nº281

Imágenes para pensar
A comienzos del año, decidí hacer algo diferente con mis alumnos de dibujo: los llevé a una muestra de arte en un museo local. Allí, nos detuvimos frente a un cuadro y pedí a los niños que comentaran su impresión sobre aquella pintura. El cuadro presentaba un paisaje, con detalles difusos y texturas y colores muy suaves. En el cielo, se veía un rayo de luz colándose entre las nubes. ¿Qué ven en la pintura?, pregunté al grupo.

- Un bosque, respondió alguien
- ¿Cómo sabes que es un bosque?, pregunté nuevamente
- Porque veo muchos árboles y un valle, justificó ese niño
- El sol se esconde de un lado del valle y sale del otro, agregó uno de ellos
- Parece como si lloviera, o estuviera a punto de llover, afirmó otro
Luego se sumaron algunos más, quienes opinaron que el cuadro representaba un día cálido de verano, mientras otros se inclinaban por pensar que era invierno. Finalmente, uno de los niños descartó completamente el invierno porque -según argumentó- "los árboles tienen muchas hojas."

Y así, continuamos "conversando" sobre aquel cuadro durante toda la hora. Mirábamos juntos la pintura, no como un docente explicándola a sus alumnos, sino como un grupo de personas aprendiendo a observar una obra de arte y a comprender su significado. Si bien aquella clase no tuvo una consigna explícita, la propuesta tácita fue "miren y piensen."

Desde luego, la visita al museo no constituía una revolución pedagógica. Después de todo, no era la primera -ni la última- profesora en hacerlo. Lo verdaderamente sorprendente, fue el resultado de aquella visita...
Sin saberlo, mientras miraban y opinaban sobre el cuadro, los alumnos estaban practicando tres capacidades de vital importancia para su vida:

- el pensamiento abstracto
- el compromiso con la tarea
- la creatividad

El pensamiento abstracto corresponde al uso del razonamiento espacial, verbal y numérico. Involucra a la memoria, al vocabulario y aplica los conocimientos a la resolución de una tarea. El compromiso con la tarea se refiere al interés y entusiasmo que colocamos en ella y que nos determina a realizarla. La creatividad es la habilidad de ser flexibles y originales en nuestro enfoque de la tarea, abrirnos a nuevas ideas y ser capaces de asociarlas a otras.

En este proyecto, los estudiantes experimentaron el pensamiento abstracto (al traducir las imágenes en palabras), el compromiso con la tarea (ya que todos trabajaron intensa y dedicadamente en la observación e interpretación del cuadro) y la creatividad, demostrada en las diversas formas en que los niños describieron las experiencias visuales vividas frente al cuadro.

Durante la visita al museo, los niños incorporaron vocabulario, información técnica, datos históricos y otros conocimientos. Además, aprendieron un poco más sobre cómo observar imágenes, analizar significados y expresar opiniones. Aquella visita fue, más que una clase de arte, una ejercitación integral del pensamiento.
Organicé esta actividad porque creo que las imágenes -que hemos almacenado como referencia- son una base importante de la comprensión. Se sabe que, sin la experimentación sensorial de los colores, es muy difícil comprender la frase "oscura como la noche."

Para interpretar un concepto o entender una idea, evocamos las imágenes que albergamos en nuestra mente. Esto es especialmente cierto en el caso de los términos complejos o abstractos. Tomemos por ejemplo la palabra "éxito". De acuerdo a las imágenes que tenga cada persona almacenada en su mente, "éxito" significará un auto de lujo, una familia feliz, un reconocimiento profesional; etc; etc..
.
Enseñar a pensar es el mayor desafío de un maestro. Como cuesta mucho hacerlo desde la teoría, necesitamos encontrar formas más prácticas de lograrlo. Sin duda, las imágenes son un recurso pedagógico... para pensar!
APRENDER A SER, HACER Y TENER

Capítulo 2-12 Aprender a observar

Aportación del profesor WILBET TAPIA

club@efectividad.net - http://www.efectividad.net
10/09/04 - Publicación Nº281

Imágenes para pensar
A comienzos del año, decidí hacer algo diferente con mis alumnos de dibujo: los llevé a una muestra de arte en un museo local. Allí, nos detuvimos frente a un cuadro y pedí a los niños que comentaran su impresión sobre aquella pintura. El cuadro presentaba un paisaje, con detalles difusos y texturas y colores muy suaves. En el cielo, se veía un rayo de luz colándose entre las nubes. ¿Qué ven en la pintura?, pregunté al grupo.

- Un bosque, respondió alguien
- ¿Cómo sabes que es un bosque?, pregunté nuevamente
- Porque veo muchos árboles y un valle, justificó ese niño
- El sol se esconde de un lado del valle y sale del otro, agregó uno de ellos
- Parece como si lloviera, o estuviera a punto de llover, afirmó otro
Luego se sumaron algunos más, quienes opinaron que el cuadro representaba un día cálido de verano, mientras otros se inclinaban por pensar que era invierno. Finalmente, uno de los niños descartó completamente el invierno porque -según argumentó- "los árboles tienen muchas hojas."

Y así, continuamos "conversando" sobre aquel cuadro durante toda la hora. Mirábamos juntos la pintura, no como un docente explicándola a sus alumnos, sino como un grupo de personas aprendiendo a observar una obra de arte y a comprender su significado. Si bien aquella clase no tuvo una consigna explícita, la propuesta tácita fue "miren y piensen."

Desde luego, la visita al museo no constituía una revolución pedagógica. Después de todo, no era la primera -ni la última- profesora en hacerlo. Lo verdaderamente sorprendente, fue el resultado de aquella visita...
Sin saberlo, mientras miraban y opinaban sobre el cuadro, los alumnos estaban practicando tres capacidades de vital importancia para su vida:

- el pensamiento abstracto
- el compromiso con la tarea
- la creatividad

El pensamiento abstracto corresponde al uso del razonamiento espacial, verbal y numérico. Involucra a la memoria, al vocabulario y aplica los conocimientos a la resolución de una tarea. El compromiso con la tarea se refiere al interés y entusiasmo que colocamos en ella y que nos determina a realizarla. La creatividad es la habilidad de ser flexibles y originales en nuestro enfoque de la tarea, abrirnos a nuevas ideas y ser capaces de asociarlas a otras.

En este proyecto, los estudiantes experimentaron el pensamiento abstracto (al traducir las imágenes en palabras), el compromiso con la tarea (ya que todos trabajaron intensa y dedicadamente en la observación e interpretación del cuadro) y la creatividad, demostrada en las diversas formas en que los niños describieron las experiencias visuales vividas frente al cuadro.

Durante la visita al museo, los niños incorporaron vocabulario, información técnica, datos históricos y otros conocimientos. Además, aprendieron un poco más sobre cómo observar imágenes, analizar significados y expresar opiniones. Aquella visita fue, más que una clase de arte, una ejercitación integral del pensamiento.
Organicé esta actividad porque creo que las imágenes -que hemos almacenado como referencia- son una base importante de la comprensión. Se sabe que, sin la experimentación sensorial de los colores, es muy difícil comprender la frase "oscura como la noche."

Para interpretar un concepto o entender una idea, evocamos las imágenes que albergamos en nuestra mente. Esto es especialmente cierto en el caso de los términos complejos o abstractos. Tomemos por ejemplo la palabra "éxito". De acuerdo a las imágenes que tenga cada persona almacenada en su mente, "éxito" significará un auto de lujo, una familia feliz, un reconocimiento profesional; etc; etc..
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Enseñar a pensar es el mayor desafío de un maestro. Como cuesta mucho hacerlo desde la teoría, necesitamos encontrar formas más prácticas de lograrlo. Sin duda, las imágenes son un recurso pedagógico... para pensar!