viernes, noviembre 21, 2003

Hidrógeno (II)
Feliciano Robles Blanco*

Hace unos días se ha publicado en muchos medios periodísticos serios y creíbles un largo artículo de Jerenmy Rifkin sobre el uso del hidrógeno como futuro combustibles barato e inagotable.
He recibido un aporte de una persona conocedora a fondo de la situación tecnológica que existe actualmente para producir de forma masiva hidrógeno y tira por tierra las expectativas que plantea Rifkin sobre el asunto. Aquí les dejo el citado aporte que me merece toda la confianza que se puede dar a este tipo de información sensible

Antes pensaba que Jeremy Rifkin era un charlatán, un embaucador que quería
vender su moto del hidrógeno a toda costa. Tras leer su artículo titulado “El rostro de Jano del hidrógeno he cambiado de opinión: ahora lo veo como un soñador con buenas intenciones pero ni pajolera idea de lo que habla.
El hidrógeno no es una "fuente" de energía: apenas existe hidrógeno como tal
en el planeta Tierra (es el elemento más abundante del universo porque las
estrellas están hechas de hidrógeno, pero las estrellas nos quedan un poco
lejos, al menos por ahora).
El hidrógeno lo que es es un "vector" de energía: primero hay que crearlo,
consumiendo energía, luego hay que transportarlo hasta el usuario y por fin
hay que consumirlo, generando energía (por desgracia siempre menos que la que costó crearlo). Es lo mismo que ocurre por ejemplo con la electricidad.
Por eso es absurdo decir que el hidrógeno va a solucionar nuestros problemas
de energía. Siempre harán falta fuentes de energía para producir hidrógeno,
electricidad, gasolina sin plomo o el vector de energía que queramos. El
debate clave es cuáles deben ser estas fuentes de energía: el gas, el petróleo, el carbón, el uranio, el sol, el viento, el mar...
Que no nos timen con la moda del hidrógeno.
Luis
Feliciano Robles Blanco. Profesor de Tecnología. Licenciado en Ciencias de la Educación
Utopía Siglo XXI

miércoles, noviembre 19, 2003

Economía del altruismo

Feliciano Robles Blanco

Este es el título que da el profesor Emilio Fontela al artículo que aporta al libro que vengo comentando titulado Economía ética y bienestar social coordinado por los profesores de Economía Emilio Fontela y Joaquín Guzmán.

Dice el profesor Fontela que la Economía es una praxeología que se apoya en la racionalidad. Los agentes económicos, al actuar individual y racionalmente, defienden sus intereses personales. El “homo economicus” es egoísta y racional. En consecuencia, el altruismo se interpreta en principio como un comportamiento irracional desde el punto de vista de la economía, y por ello obedece a otro tipo de racionalidad que apela a valores de solidaridad. El altruismo es el sentimiento opuesto al egoísmo, y se subordina al interés general de la humanidad presente y futura. El altruista busca el bien ajeno aun a costa del propio.

Ética y moral social en la ciencia económica

En la filosofía hegeliana, la moral se refiere a la conciencia individual, mientras que la ética se refiere a una moral social. La respuesta de la ciencia económica al reto de la ética se encuentra en la economía del bienestar.

Cuando la economía se desequilibra en lograr el bienestar se impone definir un poder institucional económico representativo de la colectividad y motivado por al búsqueda del bien común.

Son bienes públicos, aquellos cuyo consumo recae por su naturaleza sobre todos los consumidores ( por ejemplo: la defensa nacional, educación, sanidad, etc) y por consiguiente no pueden ser objeto de una transación de mercado, ya que ningún individuo aislado puede negarse a pagar el precio determinado por la colectividad : son bienes y servicios indivisibles.

En los bienes públicos la intervención del Estado encuentra su justificación social en los principios de igualdad de oportunidades y de solidaridad interpersonal.

El mercado tiene un gran fallo porque el resultado distributivo de las actividades puede ser moralmente injusto para la sociedad desde el momento en que el poder adquisitivo de las personas es muy diferente de unas a otras.

Por tanto desde el punto de vista ético esta situación implica la adopción de un entramado institucional corrector de los ineludibles fallos del funcionamiento de los mercados, es decir, una actuación política legitimada por la voluntad ciudadana de una solidaridad institucionalizada. El Estado de Bienestar instaurado a partir de la crisis de 1930 responde a esta necesidad de la moral social, que es el comportamiento ético de la sociedad.

Altruismo y moral individual en la economía

El altruismo se refiere a la solidaridad interpersonal.
El altruismo adquiere más fuerza en los círculos de la proximidad del individuo, en especial en el seno de la familia. A veces va más allá, e incorpora actuaciones que no requieren una relación personal directa y puede ser instrumentada por agentes que realizan la interfaz entre el altruista y los que necesitan apoyo.
La teoría económica encuentra pocos apoyos para incorporar y valorar las actividades altruistas.
Hay dos aspectos que definen el altruismo: La simpatía y el compromiso
La simpatía se apoya sobre valores de bondad y caridad
El compromiso considera un acto que se sabe va a beneficiar más a otro que a sí mismo, implicando un sacrificio personal. El compromiso se inscribe en una ética de la responsabilidad. Porque se trata de actuar concretamente sobre el presente y sobre el futuro para proporcionar mayor bienestar al resto de la sociedad, implicando una inversión personal para el desarrollo de bienes comunes.
En el contexto de la ciencia económica, hablar de un individuo con simpatía y compromiso social solo tiene características utópicas muy arraigadas en la historia del pensamiento económico.
Por ejemplo muchos economistas creen que la utopía socialista implica un cambio de las mentalidades individuales , ya que se supone que el hombre no es de naturaleza altruista.
Sin embargo parece que existe una tendencia hacia ese cambio de mentalidades, que encarnan los agentes económicos del Tercer Sector, ubicados entre lo privado y lo público y se apoyan en buena medida en una fórmula evolucionada del altruismo aunque dentro de una gran heterogeneidad El ejemplo de mayor trascendencia altruista es la donación de parte del tiempo de ocio de las personas para la realización de acciones de ayuda al prójimo o simplemente de mejora de la calidad de vida.


Altruismo organizado

El altruismo organizado se canaliza a través de las organizaciones sin fines de lucro. E incluyen:

- Entidades no financieras dirigidas al mercado mediante la prestación de bienes o servicios que aplican tasas que les permiten compensar los costes de producción y que son financiadas mediante donaciones o suscripciones.

- Entidades financieras que operan a precio de coste.

- Organizaciones públicas sin fines de lucro, que son controladas y financiadas por entidades gubernamentales.

- Asociaciones de naturaleza privada o no gubernamental (ONG´s) sin ánimo de lucro que ofrecen servicios y productos no de mercado a familias /hogares.

Dentro de las instituciones sin ánimo de lucro se incluyen dos categorías diferenciadas:

- Sindicatos, colegios profesionales, asociaciones de consumidores , partidos políticos, iglesias o congregaciones y agrupaciones sociales, culturales, recreativas y deportivas.

- Organizaciones caritativas de apoyo, socorro y ayuda financiadas por donaciones de voluntarios o servicios de otras instituciones.

Los países que cuentan con mayor número de instituciones sin ánimo de lucro son los que pertenecen a Europa y Estados Unidos.

El desarrollo de las nuevas tecnologías de la sociedad de la información está cambiando radicalmente el funcionamiento de estas instituciones.

La crisis del Estado de Bienestar y en general de la cooperación internacional está abriendo las posibilidades de desarrollo de una sociedad más altruista en el plano privado. Sin embargo no se debería renunciar a seguir financiando con fondos públicos los bienes elementales de los ciudadanos.

Hasta aquí una síntesis del largo y minuciosos artículo del profesor Emilio Fontela en el libro Economía ética y bienestar social.

domingo, noviembre 16, 2003

Ética y prospectiva económica

Feliciano Robles Blanco

Recientemente se ha celebrado en Sevilla y organizado por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo un Encuentro titulado Ética y prospectiva económica, tecnológica y social, cuyos directores han sido los profesores de Economía Emilio Fontela y Joaquín Guzmán.

Mi hijo ha asistido a tal Encuentro y entre la documentación que le han dado figura un pequeño libro titulado Economía ética y bienestar social cuyos coordinadores del libro han sido los citados profesores.

Voy hacer en dos aportes lo más significativos que estos profesores aportan con sus ideas, ya que lo considero sumamente interesante para las personas que carecemos de formación económica de tipo academicista pero somos conscientes que el mundo se rige por poderes económicos muy fuertes y organizados que benefician a una minoría insaciable a cambio de sumir en la pobreza a una gran mayoría de la población.

Dice el profesor Guzmán que a los economistas se les identifica desde fuera, con un mundo que tiene que ver mucho más con los grandes beneficios, la riqueza y el poder que con la problemática de la pobreza, la escasez de recursos y la justicia social. Asimismo los propios estudiantes de Economía creen que esta ciencia consiste básicamente en el estudio de una serie de técnicas para maximizar beneficios en el plano personal o empresarial. De ahí que los términos más popularizados del mundo económico sean los de tipos de interés, rentabilidad, productividad, competitividad y cotizaciones en bolsa.

En las facultades de Económicas se estudia principalmente para saber como sacar el máximo beneficio monetario, especialmente en los países avanzados, pero no tanto para saber cómo luchar contra la pobreza o el hipodesarrollo de la mayor parte de la humanidad.

Existe pues un gran distanciamiento entre los conocimientos económicos y los valores éticos de la Humanidad.

El paradigma de la competencia


El actual régimen de la globalización descansa sobre el paradigma de la competencia. A los agentes económicos se les exige, en un contexto general de liberalización, la máxima eficacia y competitividad para conseguir el éxito económico. Es pues la competitividad, y no la globalización, lo que verdaderamente tiene consecuencias para bien o para mal.

De una parte la competencia, indudablemente, impulsa y estimula la innovación y el avance tecnológico, y con ello el incremento de la productividad, de la renta, y en definitiva del nivel de vida de aquellos que consiguen vencer en el enfrentamiento multicompetitivo. La competencia, empero, también conlleva simultáneamente unos perdedores, que se sitúan tanto en los países hipodesarrollados como en el seno de los países hipérdesarrollados. Esta dualidad negativa y positiva de la competencia está generando una serie de graves problemas a escala mundial, porque está conllevando a una concentración de la riqueza y a un gran distanciamiento de unos países respecto de otros y de unas personas respecto de otras. Estando creando un a sociedad de integrados y excluidos.

Por otra parte está situación de desigualdades está propiciando el fenómeno de las migraciones clandestinas internacionales, con todas sus secuelas de muertes, mafias comerciales de seres humanos, trabajo y sobreexplotación en condiciones inhumanas, etc.

Asimismo la carrera competitiva también está propiciando unos costes medioambientales difícilmente soportables, especialmente de cara al futuro del planeta.

Criterios éticos en economía

El sistema capitalista se fundamenta en tres componentes esenciales e imprescindibles para su existencia y funcionamiento:

- El mercado y los precios
- La propiedad privada
- El amor o interés propio.

El mercado y los precios constituyen el mecanismo de asignación de recursos del sistema. No ha sufrido grandes cambios en los últimos doscientos años a pesar de la mayor sofisticación del mercado y de la formación de precios de bienes y servicios.

La propiedad privada constituye la institución básica del sistema capitalista y se remonta a la época del imperio romano. Tiene un carácter estático y no ha sufrido grandes cambios en el curso de los tiempos.

El interés propio es el más dinámico porque representa la motivación que empuja el comportamiento de los agentes económicos. Es el motor que hace evolucionar el sistema y es el que ha sufrido grandes cambios a lo largo del tiempo. Este interés propio se ha convertido en un afán de acumulación de riqueza verdaderamente enfermizo dando paso a la cultura del dinero en la sociedad actual. Un inusitado afán de lucro personal y un verdadero fetichismo consumista está caracterizando en los últimos tiempos el comportamiento de los agentes económicos donde se ha extendido el concepto “tanto tienes, tanto vales”
Este culto al dinero tiene tres características:

- Es exclusivo
- Es excluyente
- Es insaciable

Sin embargo la Ética tiene que ver con otros valores:
-Valores que estén ampliamente asentados en la sociedad.
-Valores que persigan el bien individual y también el bien universal.

La ciencia económica puede y debe contemplar otro tipo de motivaciones además del lucro material, estos valores vendrían definidos por la llamada tasa de benevolencia que significa la cantidad de cosas, medidas en dólares, que una persona estaría dispuesta a sacrificar por un incremento de un dólar en otros, o sea, lo que uno es capaz de perjudicarse por beneficiar a otros.

El profesor Joaquín Guzmán termina su artículo con el siguiente poema:

El dinero,
Puede comprar una casa
Pero no un hogar
Puede comprar una cama
Pero no un sueño
Puede comprar un reloj
Pero no el tiempo
Puede comprar un libro
Pero no el conocimiento
Puede comprar una posición
Pero no el respeto
Puede pagar un médico
Pero no la salud
Puede comprar la sangre
Pero no la vida
Puede comprar el sexo
Pero no el amor