jueves, mayo 19, 2005

Automovilismo y deporte

Feliciano Robles Blanco

La ventaja que tiene escribir y publicar artículos de opinión en los medios digitales, es que permite a los lectores que lo desean expresar su parecer sobre el contenido del artículo y enviarlo de forma rápida y fácil al autor, estableciéndose un feedback muy enriquecedor.

Hace quince días coincidiendo con el Gran Premio de Automovilismo que se celebró en Barcelona escribí un artículo criticando el boom mediático que se está dando a las pruebas de Fórmula uno, por el hecho de que haya un piloto español que lidere el campeonato actualmente. Ponía en duda en ese artículo si se debía considerar al automovilismo un deporte u otra actividad diferente, y mostraba también mi preocupación ante el hecho de que muchos conductores puedan sentir la tentación de emular a sus ídolos automovilísticos y se pueda incrementar el índice de trágicos accidentes de tráfico motivados por circular a velocidades potencialmente altas.

Estas percepciones mías ha generado una buena cantidad de mensajes de lectores, unos a favor de mis supuestos y otros radicalmente en contra.

Me voy a centrar en comentar algunos de los que se han expresado en contra, con buenos argumentos que quiero rebatir.

Un lector que decía ser Ingeniero, se extrañaba que yo siendo docente de Tecnología de Automoción pudiese escribir en contra de las carreras de coches, porque según decía las carreras son necesarias para probar nuevas tecnologías que se incorporan a los coches. A este Ingeniero le diré que he trabajado ocho años en una empresa importante de Automoción, y que en las fábricas existen bancos de pruebas, pistas y otros elementos donde se pueden y de hecho se prueban todos los elementos que se van incorporando a los nuevos modelos y por tanto se podría suprimir si se quisiera las competiciones deportivas de automóviles. Lo que pasa que las competiciones deportivas de coches fomentan en muchos jóvenes un ansia desmesurada hacia los coches y los convierte en potenciales compradores. Porque si a los coches se les presentase de otra manera no generarían la pasión por tenerlos que generan.

Un segundo lector argumentaba que era deporte porque los pilotos tenían que tener un buena forma física para soportar la tensión que se genera durante la carrera. Yo no quiero considerar a esta actividad un deporte porque se ponen en peligro la vida de personas inocentes o la de los propios pilotos.
Un torero por ejemplo también tiene que tener una buena forma física, y no se considera deporte al toreo, o un artista de circo o un artista de baile y danza.
Un piloto de coches tiene un esquema de funcionamiento bastante diferente a la de un deportista. Generalmente los deportes más sanos son los de equipo donde unos se ayudan a otros en pos de una victoria y donde no hay riesgo para nadie salvo algunas lesiones fáciles de curar. Un piloto de coches le exige un gran dominio y conocimiento de las prestaciones de la máquina que conduce, del circuito que recorre, y un punto de arrojo personal si sabe que su máquina es capaz de superar a las demás. Por tanto su éxito es parte también de la máquina que pilota. Además es una actividad tremendamente individualista donde cada piloto compite contra todos los demás.

Para finalizar os diré que este fin de semana estamos de nuevo inmerso en una cierta saturación mediática porque se corre el Gran Premio de Mónaco, en un circuito urbano, lo cual me parece una temeridad asombrosa porque se pone en serio peligro la integridad de los pilotos, porque llevan máquinas muy potentes y ese circuito no tiene las medidas de seguridad necesarias y convenientes. Todavía recuerdo cuando se corrían en el Circuito de Montjuic los primeros grandes premios que se corrieron en España en los años 60 y lo peligroso que resultaban cuando se corría con bólidos mucho menos potentes que los actuales.

feliciano53@auna.com

lunes, mayo 16, 2005

Crítica de cine: Tapas
Feliciano Robles Blanco

Este fin de semana he tenido ocasión de visionar una película de estreno titulada “Tapas” que me ha dejado un sabor agridulce y que quiero comentar con ustedes por si pueden complementar la opinión que tengo yo de la misma.

La película narra las vivencias de una serie de personas que conviven en la ciudad de Hospitalet de Llobregat, que es una ciudad situada junto a Barcelona y que se caracteriza porque la mayoría de sus habitantes son “charnegos”, es decir personas procedentes de otras zonas de España que llegaron allí en aluvión en los años de la emigración.

Se dice que en Hospitalet hay personas de todos los pueblos de España.

Yo he vivido seis años en una ciudad del Baix Llobregat y doy fe de esa situación.

La película como digo narra las vivencias de estos “ charnegos”, porque en la película no aparece ningún personaje catalán.

A mi me parece que la imagen que da de las personas que aparecen en la película es un poco negativa pero también está cargada de cierto realismo y hay algunas vivencias ciertamente emotivas y simpáticas.

No os cuento nada más por si tenéis la ocasión de verla, la peli es simpática y humana pero a mi me ha dejado cierto sabor agridulce.

feliciano53@auna.com