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sábado, noviembre 04, 2006

El arte de comunicar

El arte de comunicar

Feliciano Robles Blanco

Hola amigas y amigos: Con la aparición de Internet, y el desarrollo posterior de los blogs, que facilitan enormemente la posibilidad de que las personas nos podamos convertir en comunicadores, les voy a referir unas reflexiones que hace Margie Igoa que es la directora de la revista Psychologies, sobre las características que debe cumplir un buen comunicador y las dificultades que existen para conseguirlo.

La mayor dificultad proviene del ámbito formativo standar que se ofrece en los colegios y los institutos, e incluso en la Universidad donde no se prima precisamente el desarrollo de habilidades que faciliten la comunicación y la relación entre seres humanos, a pesar de que una buena parte de nuestras relaciones humanas se efectúan a través de estrategias de comunicación..

Saber tender un puente de comunicación entre una persona y sus semejantes abre el camino hacia la realización personal.

Las dificultades surgen porque las personas estamos llenas de “vicios” tales como: desencuentros, conversaciones inconclusas, temas incómodos que no se afrontan, personas que hablan más que escuchan, personas que no saben administrar los noes, etc.

Hay otras dificultades propias de los tiempos que vivimos tales como: Alegar falta de tiempo para comunicarnos, tendencia a cerrarnos en nuestras posiciones de partida, tales como costumbres, ideas o principios morales religiosos o políticos, miedo e inseguridad ante un mundo que cambia con rapidez y nos repliega o nos aisla.

El experto en comunicación Kevin Hogan mantiene que el buen comunicador tendría que ser una persona que cultive la curiosidad, que se interese por aquello que los demás piensan y sienten, aunque no exista afinidad. Quizás sea eso lo que se llama empatía, que es una de las claves para establecer la conexión con los demás, para acercarnos y, por fin entendernos a pesar de las diferencias; para obtener la receta y sus proporciones justas, saber cuando hay que hablar y cuándo escuchar, que es lo que hay que decir y que conviene callar, o cual es el verdadero valor de un gesto, una mirada, un silencio o una palabra.